¿Mi teléfono realmente escucha lo que digo?

La idea de que los smartphones espían nuestras conversaciones está sorprendentemente extendida, pero ¿realmente nuestros teléfonos escuchan lo que decimos?

La idea de que nuestros teléfonos son capaces de espiar las conversaciones que mantenemos con amigos y conocidos parece mucho más extendida de lo que uno podría imaginar a primera vista.

Es una hipótesis que no sólo es popular entre los teóricos de la conspiración: quienes imaginan que están siendo escuchados por sus dispositivos suelen asociar el tema de una conversación con un anuncio que aparece inmediatamente después de la charla, quizá en el feed de una red social o tal vez entre los anuncios de una web.

Pero, ¿realmente nos escuchan nuestros smartphones?

¿Qué sabemos de los teléfonos móviles que pueden escuchar nuestras conversaciones

En primer lugar, hay que dejar claro que, desde un punto de vista técnico, nuestros smartphones tienen la capacidad de grabar, y a lo sumo transcribir (para su almacenamiento o reenvío a terceros), los diálogos que se encuentran al alcance de la interceptación del entorno. ¿Una demostración? Nuestros oídos digitales tienen que estar abiertos en todo momento, de lo contrario no sería posible activar el asistente digital (Google Assistant, Alexa y Siri) pronunciando un par de palabras: como 'Hey Siri' u 'OK Google'.

Entre la posibilidad técnica de escuchar las conversaciones y la viabilidad legal de hacerlo, sin embargo, hay un largo camino por recorrer. La legislación que protege la privacidad de los usuarios en esta materia es muy clara. Tanto es así que no sería posible que un gran fabricante de teléfonos móviles (o uno que opere los sistemas operativos correspondientes) utilizara la información obtenida de las grabaciones ambientales con fines publicitarios.

Que las empresas menos serias puedan entonces optar por vías ilegales es algo ciertamente posible sobre el papel, pero que iría en contra de las disposiciones legales vigentes en materia de protección del usuario final (Google ya ha tomado algunas medidas al respecto).

Otras formas de espiar a los usuarios y trucos de la imaginación

Otra posibilidad a excluir es el uso de un troyano, software malicioso creado específicamente para hacer daño. Se trata de tecnologías diseñadas para el espionaje, que serían demasiado caras para utilizarlas con fines puramente publicitarios, aunque sólo sea desde el punto de vista económico.

Lo que parece muy probable es un truco del cerebro. Todos los días hablamos de muchas cosas y observamos otras tantas en los anuncios online. Una correspondencia entre lo que hemos dicho y lo que encontramos poco después en un anuncio en Instagram entra dentro de lo posible: al fin y al cabo, tanto nuestras conversaciones como nuestro historial de búsqueda giran en torno a intereses personales.

Tampoco podemos excluir un hecho que en realidad no es casual: que hayamos buscado en la red algo de lo que luego nos hemos encontrado hablando, y que aparece en los patrocinios no por lo segundo sino por lo primero, a pesar de que nos gusta pensar que nuestro teléfono nos espía.

Hay, por tanto, riesgos más concretos en la red, contra los que dudamos en tomar precauciones, y a los que quizá deberíamos enfrentarnos, por ejemplo, con una VPN.

Giuseppe Giordano

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